1. La manguera del jardín puede verter hasta 18 litros de agua por minuto. 

Usa una regadera tradicional y derrocharás menos agua. También puedes poner una pistola en la manguera para controlar el caudal de agua.

  1.  ¡Empapa, no rocíes! 

Cuando te ocupes de tu jardín, empapa las raíces de las plantas dos veces por semana en lugar de rociarlas con un poco de agua cada día. De esta forma el agua se absorbe en mayor cantidad en lugar de evaporarse.

  1. Para regar el jardín 

Aprovecha a recoger el agua de la ducha que sale antes de calentarse. Y recuerda también comprobar las previsiones meteorológicas antes de regar el jardín, igual está a punto de llover.

  1. Decora tus plantas, de interior y de exterior. 

De esta manera no tendrás malas hierbas, protegerás las plantas al mantener la tierra fresca y reducirás la evaporación y la compactación de la tierra. Sé creativo y utiliza materiales como guijarros, trozos de ladrillos, gravilla, cáscaras de coco, piñas de pino, canicas, vajilla rota, trozos de cristales o humus de hojas. Pero procura no cubrir la tierra que queda cerca de los tallos para que no se pudran en invierno.

  1. Si tienes un jardín, hacer un estanque es una estupenda manera de fomentar la biodiversidad. 

Las ranas, los escarabajos de agua, las culebrillas y, a veces, las libélulas y los caballitos del diablo utilizarán el estanque. Pero recuerda, evita los peces de colores que se comen a los renacuajos.

  1. Utiliza lo menos posible insecticidas y herbicidas. 

Estos pueden matar muchas criaturas y plantas útiles de los que no tenías intención de deshacerte, especialmente si se filtran en estanques y corrientes. Existen muchas alternativas respetuosas con la vida silvestre.

  1. Los pesticidas contienen productos químicos dañinos que perjudican la salud de las personas. 

Los residuos de los pesticidas e insecticidas que se utilizan en el jardín pueden permanecer en el hogar. Ponte en contacto con las autoridades locales para informarte del lugar donde puedes tirarlos de forma segura y adecuada.

  1. Elimina las malas hierbas con agua hirviendo.

Si echamos agua hirviendo sobre las malas hierbas, se ponen marrones en un par de horas y mueren. No quedan residuos tóxicos y la zona queda al momento totalmente segura para que los niños jueguen en ella.

  1. Los jardines de las casas pueden ser una inmensa aportación a la biodiversidad de ciudades y pueblos.

Proporcionan refugio, alimento y rutas de desplazamiento para la fauna silvestre, como erizos, tejones, pájaros y mariposas. Si tienes un jardín, aumenta su valor plantando árboles con pequeñas frutas y plantas con flores. Los serbales, los cerezos silvestres y los dientes de león, entre otros, sirven como alimento y refugio para una gran variedad de invertebrados.

  1. ¡Siembra un buen ejemplo! 

Anima a tus vecinos a crear «focos» de biodiversidad. ¿Cómo? Una hilera de jardines podría crear un pasillo que uniese el bosque con un parque o una zona verde local.

  1. Sé creativo y diseña una zona de vida silvestre en tu jardín! 

Además de crear un paraíso natural para ti y tu familia, atraerá a las mariposas y proporcionará un refugio para las ranas, los mamíferos y los insectos.

  1. ¡Brinda tu apoyo a los parques naturales! 

Visita las reservas naturales y los parques para demostrar tu apoyo a su creación, preservación e incluso a su expansión. Recuerda que has de dejar estas zonas igual que las has encontrado.

  1. Conserva el agua dejando crecer un poco el césped. 

Deja que la hierba crezca más para que crezcan sus raíces. De esta manera también se reproducirá. Si trazas un sendero en el centro, se notará que lo has hecho con esa intención y que no ha sido por abandono.

  1. ¡Un tronco podrido es una mini reserva natural por sí misma! 

 

Al retirar los árboles caídos u hojas puede perder una sección del ciclo nutritivo natural. La ausencia de madera vieja reduce en un 20% la diversidad de las especies. No retires la madera vieja que haya en tu propiedad. Si lo haces, podrías acabar con miles de especies de invertebrados y hongos.

  1. Para prevenir la erosión del suelo, planta vegetación con sistemas radiculares complementarios. 

Algunos ejemplos son el espliego, que tiene raíces profundas y forma una densa red que estabiliza la tierra.